Marco Lara Klahr.
GUADALAJARA.– En medio del trepidante mundillo que es la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, donde Alemania fue «invitado de honor», la noche del sábado propiciamos una atmósfera emocionante y honesta para hablar de periodismo con mis colegas Marcela Turati, Thelma Gómez y José Gil Olmos, durante la ceremonia donde recibieron el prestigiado Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter –cuyo Jurado presidió hasta su muerte Miguel Ángel Granados Chapa.
Me sorprendió que ninguno de los tres persiguiera banalizar su experiencia profesional relatando esas anécdotas a las que somos tan proclives los reporteros, habitualmente llenas de aventuras salpicadas de exageraciones y supuestos riesgos, y que no hicieran tampoco apología de sus medios, pretendiendo reivindicarlos como valerosas y audaces naves solitarias de periodismo ético y responsable navegando en un océano dominado por la medianía, la criminalización, el alarmismo y la mercantilización informativa.
Preámbulo de la entrega de premios, la mesa de discusión programada con los ganadores se enfocó en a) la importancia que tiene para la libertad de expresión y la calidad de la información que los periodistas podamos y seamos capaces de producir historias donde predominen los ciudadanos, sus voces, problemas y soluciones autogestivas; y b) el periodismo como estupendo recurso para visibilizar iniciativas ciudadanas en favor de los más pobres, las víctimas, y las mujeres y los niños excluidos.
Al explicar ellos cómo fueron resultando las historias por las que luego serían premiados, desde la selección de los temas hasta el enfoque y el planteamiento escritural, los asistentes escuchamos de estos colegas expresiones o dudas inspiradoras.
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Por ejemplo, «Yo me preguntaba, ¿qué más podemos hacer aparte de reseñar el horror»; frente a la situación actual, «los periodistas hemos tenido que educar la mirada» [Marcela]. «Yo tengo cuidado de, al contar historias, no contar telenovelas. Lo importante es denunciar la impunidad, porque los ciudadanos están cansados de la impunidad y los periodistas tenemos una deuda con ellos» [Thelma]. «Los periodistas somos las voces de la tribu», «Los reporteros somos provocadores profesionales» [José Gil].
A través de las palabras de cada uno se hizo ostensible, además, la convulsión que experimenta el periodismo profesional: sobresale en los espacios noticiosos corporativos el trabajo superficial, apresurado y poco útil socialmente de un ejército de periodistas sumisos, triturados en lo ideológico y sometidos a producir maquila estridente, al mando de colegas anquilosados. Pero adentro y en torno de los medios late una creciente fuerza de periodistas en sus treinta o cuarenta, educados, éticos y responsables ante su comunidad de una forma no vista en la historia del periodismo mexicano.
No creo que mis palabras nazcan del chabacano optimismo; estoy convencido de esa realidad, la vivo, y los periodistas y la colectividad debiéramos asegurarnos de que se ensanchara y fortaleciera, alcanzando un día suficiente fuerza para dinamitar desde los cimientos al viejo periodismo reproductor de la cultura autoritaria.
En los próximos días las organizaciones convocantes al Premio Alemán de Periodismo Walter Reuter pondrán a disposición del público los reportajes con los que Marcela, Thelma y José Gil obtuvieron respectivamente los tres primeros lugares en esta quinta edición, cuyo tema central fue «Acciones ciudadanas por la paz social».
Por ahora digo que resultan piezas que vale la pena no perderse porque, como expuse durante la ceremonia al razonar la decisión del Jurado, tienen una clara vocación contextual; dan preeminencia a los protagonistas y su fuerza organizativa para encontrar respuestas a sus problemas colectivos; son equilibrados y no hacen apología de la violencia o el paramilitarismo; tampoco revictimizan ni denigran a las víctimas y sus familiares, ni mucho menos montan tribunales mediáticos.
Volviendo a la ceremonia, la última parte estuvo dedicada a la entrega de los premios, al homenaje a Miguel Ángel Granados Chapa encabezado por Edmund Duckwitz, embajador alemán en México, y a la charla entre los galardonados y el animado público.
Aprovechamos también para dar a conocer Periodismo, recurso social para la paz, entrega de la serie «Perspectivas progresistas» de la Fundación Friedrich Ebert (FES), que abre con un texto de Thomas Manz –representante de esta en México–, y donde refiero las incidencias del Foro-Taller Medios y Acción Cívica por la Legalidad y la Transformación Pacífica de Conflictos, convocado en junio pasado por la propia FES a través de su Representación en México y su Centro de Competencia en Comunicación para América Latina [con sede en Bogotá], Artículo XIX y el Proyecto de Violencia y Medios de Insyde. [Pueden solicitarse ejemplares a la FES o a través de este espacio.]
Y pues siendo una noche para honrar al buen periodismo, muchos nos fuimos a terminarla en la venturosa atmósfera de El gato verde.
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