Claudia Ocaranza Abascal / Fundación MEPI.
Cuando lo conocí, Alexis tenía 16 años, y vivía en la Fundación Renacimiento, una institución privada que trabaja con jóvenes en situación de calle. Alexis era adicto a la "mona" como llaman al solvente o activo con el que se drogan muchos jóvenes de bajos recursos en el DF.
Alto, con cabello negro y ojos pequeños, Alexis había tenido la suerte de ser aceptado en un albergue privado que buscaba ayudarlo con su problema de droga y prepararlo para volver a la sociedad.
En el DF existen miles de niños y jóvenes adictos y abandonados, que duermen en las aceras, limpian parabrisas o entretienen vestidos como payasitos en los semáforos. La falta de estadísticas claras, y un sistema de seguridad social que sigue enfocado en ayudar a la familia, ha olvidado a estos jóvenes que son una población invisible y creciente en la Ciudad de México, donde el acceso a la droga ha disparado los números de indigentes jóvenes.
NÚMEROS QUE NO CUADRAN
En 1995, UNICEF y el gobierno de la ciudad realizaron el primer censo de la población joven que vive en la calle. En ese año se contaron más de 13 mil niños y niñas de entre 1 y 16 años de edad. No se hicieron más censos con UNICEF.
Inexplicablemente en el censo que midió a esta población entre 2011 y 2012, el Instituto de Asistencia e Integración Social, IASIS, una entidad gubernamental, sólo encontró a 273 jóvenes viviendo en la calle. El gobierno no explica la diferencia en los números, pero los albergues privados siguen guiándose por las cifras de UNICEF, mientras que los públicos prefieren el censo más reciente.
La discrepancia en las cifras es sólo uno de los problemas. Parte del problema es que no existe un padrón de albergues públicos y privados, que identifique a cuantos niños ayuda cada institución, y no se cuenta con una coordinación clara entre las oficinas de asistencia social y estos albergues. El gobierno capitalino debió haber creado ese patrón desde hace cinco meses, de acuerdo a una ley en vigencia.
La falta de un consenso sobre las cifras no es un asunto trivial. "Son una población que no existe, ya que para el gobierno no es prioridad saber cuántos son", dijo Roberto Reséndiz, de Fundación Renacimiento.
El director de un Centro de Asistencia e Integración Social (CAIS) gubernamental, que atiende a 65 jóvenes de 13 a 18 años, admite que no es fácil obtener cifras exactas de las personas en situación de calle, pero dice que una gran razón es la migración constante de jóvenes de otros estados como Tlaxcala o Estado de México que se suman a las calles del DF. Un 70 porciento de esta población no son jóvenes de la capital, añadió.
En otros casos la discrepancia está en la metodología. El DF no cuenta como niños en situación de calle a aquellos que trabajan como lavadores de carros, payasos o limpia parabrisas. Tampoco incluye a aquellos que de vez en cuando duermen en sus casas familiares, pero que pasan la mayor parte de su tiempo en calle por situaciones familiares extremas.
SEGURIDAD SOCIAL MAL ENFOCADA
Alexis y su hermano abandonaron su hogar por problemas familiares. Y este es el caso de gran parte de los jóvenes que terminan viviendo en la calle. Sin embargo, en México la mayoría de los programas sociales se enfocan en mantener la unidad familiar y evitar el abandono de los niños por los padres.
El Consejo para Prevenir y Erradicar la Discriminación en el Distrito Federal estima que muchas veces "la familia lejos de ser una red de contención, solidaridad y apoyo, constituye el principal riesgo para el desarrollo de adicciones, enfermedades, violencia, delincuencia y actitudes sociopáticas".
Es cada vez más frecuente encontrar a jóvenes que abandonan sus hogares por maltrato, sin haber experimentado una situación de calle antes, y "no existe una política pública adecuada para esta población", según Reséndiz de la Fundación Renacimiento.
DROGAS EN EL DF
Las drogas están íntimamente ligadas a estos jóvenes habitantes de las calles. En la última Encuesta Nacional de Adicciones los inhalantes, como el activo, ocuparon el tercer lugar dentro de las drogas usadas entre los adolescentes de 12 a 18 años.
La Primera Encuesta de Usuarios de Drogas Ilegales en la Ciudad de México identifica los inhalantes como la segunda droga de uso diario entre los jóvenes, después de la mariguana. (Revisa los datos en Jóvenes: Usuarios de drogas ilegales).
Muchos jóvenes en la calle que son adictos prefieren no entrar a un albergue, de acuerdo a directores de albergues privados y públicos, "en las calles se levantan a la hora que quieren, trabajan y tienen sus necesidades básicas cubiertas: comida y droga", dijo el director de un CAIS público, que prefirió no ser nombrado.
Albergues como la Fundación Renacimiento acepta el desafío, abriendo sus instalaciones en lugares donde los jóvenes adictos se concentran y donde la droga es fácil de conseguir. Renacimiento se encuentra en Tepito, un barrio de la ciudad de México donde se puede comprar todo tipo de droga y contrabando.
Renacimiento tiene una política de puertas abiertas, y cuenta con expertos en drogadicción. Actualmente alberga permanentemente a 46 niños que estuvieron en situación de calle. El número varía pues algunos jóvenes entran por algunas semanas e incluso años para terminar su proceso de reinserción a la sociedad y egresar de la Fundación. El retorno a la vida de las drogas es una constante para este centro.
Pero su lista de éxitos es larga. Diez de cada 300 niños y jóvenes que entran a la Fundación anualmente egresan de ella, según Reséndiz. Algunos salen como profesionistas y otros se quedan con los oficios aprendidos en los talleres, como panadería o carpintería. Parte del enfoque de terapia es crear una nueva imagen en el joven. Muchos jóvenes no pueden obtener un empleo por el estigma social, dijo Reséndiz. "El estigma social, la etiqueta que se les da como niños que vivieron en una casa hogar es difícil de superar", añadió.
En la Fundación, Alexis era un niño con sueños. "Yo quiero ser ingeniero mecánico automotriz, las matemáticas van bien conmigo", me contó un día cuando volaba un papalote en la azotea de la casa hogar. También estaba aprendiendo a ser panadero.
"¿Si has probado el pan que hacemos?, es muy rico", dijo Alexis y prometió regalarme una pieza la próxima vez que nos viéramos. No hubo próxima vez, Alexis abandonó hace unos meses la Fundación sin terminar su proceso de reinserción.