¿Cuáles han sido las crisis económica en América Latina?

Historia de la crisis económica en América Latina

Uno de los aspectos que ha profundizado la crisis económica en América Latina, ha sido la inestabilidad política y social en la región. Primero fueron las dictaduras en diversos países, luego la extensión del comunismo, mezclado con el crimen organizado, y ahora la pandemia del covid 19, que ha dado al traste con el poco crecimiento que se había logrado para algunos de los paises en las últimas dos décadas. 

La crisis de la deuda de 1982 fue la más grave de la historia de América Latina. Los ingresos y las importaciones cayeron, el crecimiento económico se estancó, el desempleo se elevó a niveles altos y la inflación redujo el poder adquisitivo de las clases medias. Entre 1982 y 1985, América Latina devolvió 108.000 millones de dólares.

La crisis global es la crisis capitalista más importante desde la Segunda Guerra Mundial. Se trata de un nuevo tipo de crisis de deuda-deflación, que pone de relieve los límites del régimen de acumulación dominado por la financiación que se aplica desde los años ochenta y que se caracteriza, entre otras cosas, por la titulización, es decir, un régimen de financiación basado en la emisión de valores y derivados.

La Crisis Mundial en los Paises de América Latina 

Los países de América Latina no son inmunes a la crisis mundial. Golpeó a esta región mientras salía de uno de los períodos de expansión más intensos de las últimas décadas. De acuerdo con las cifras de la CEPAL, el PIB regional creció un promedio anual del 5% entre 2003 y 2008. 

Se trata de un aumento medio superior al 3% per cápita, cifra que no se había logrado desde los tiempos del modelo de sustitución de importaciones (CEPAL, 2008, p. 13). Algunos países como Argentina y Venezuela tuvieron un desempeño aún mejor, con tasas de crecimiento superiores al 8% durante varios años consecutivos.

El buen desempeño económico de América Latina en este período se debió a una mejora sustancial de los términos de intercambio, al aumento de las exportaciones y a los altos precios de los productos primarios. Pero también, en el caso de varios países, como precisamente Argentina, Venezuela y otros, se debió a que abandonaron las directrices del Consenso de Washington, buscando estrategias alternativas para el desarrollo y aplicando políticas monetarias, fiscales y salariales activas.

La recesión comenzó en América Latina durante el cuarto trimestre de 2008. La CEPAL pronostica una contracción del PIB de -1,9% para 2009. El último informe del FMI (2009b) preveía una caída aún mayor: -2,5%. El FMI también predijo que el PIB de 18 de los 32 países de América Latina y el Caribe se contraería en 2009, incluidos los de los países más grandes, como Brasil, Argentina y México.

Contrariamente a la opinión de muchos analistas, la crisis en América Latina no vino de fuera. Desde la crisis de la deuda externa de los años ochenta, los países de esa región se han insertado pasivamente en la globalización neoliberal dentro de los parámetros establecidos por el Consenso de Washington. 

Esa fue la principal causa del estancamiento económico que experimentaron durante los años noventa. En lugar de contribuir al crecimiento de la inversión interna y el empleo, la entrada de capital extranjero sobrevaloró las divisas, estimuló el consumo y las importaciones, estimuló el endeudamiento externo de los gobiernos y las grandes empresas y creó las condiciones para el estallido de graves crisis financieras, como las de México en 1994-1995, Brasil en 1999 y Argentina en 2001.

Dado que la crisis mundial establece límites a la globalización, se hace evidente la imposibilidad de mantener una acumulación impulsada por las exportaciones y sostenida por políticas monetarias y fiscales restrictivas. El comercio mundial se ha derrumbado en un grado que no se había visto desde la depresión del decenio de 1930. 

El crecimiento del volumen del comercio mundial disminuyó del 7,2% en 2007 al 3,3% en 2008. Para 2009, el FMI estima una contracción sin precedentes del 11%. La naturaleza global de la crisis deja claro que salir de ella no puede depender del mercado externo. 

Esta vez no hay salida para ningún país a través de las exportaciones. Aunque la mayoría de los gobiernos son conscientes de los peligros del proteccionismo, es evidente que está aumentando y las economías tienden a cerrarse y a buscar salidas en el ámbito interno.

La situación en América Latina es compleja y se enfrenta a graves dificultades en el futuro inmediato. El camino que han tomado México, Colombia y los países más cercanos al Consenso de Washington parece claro, integrarse más con los Estados Unidos, subordinándose a los organismos multilaterales, esperando que termine el diluvio para relanzar el modelo neoliberal. Para algunos, este puede parecer un escenario atractivo, pero los costos sociales serán inmensos. Sin duda, la heterogeneidad estructural, las desigualdades sociales y la pobreza se profundizarán.

El camino a seguir para los gobiernos que se definen como progresistas, en la mayoría de la región, tampoco es fácil. En un mundo convulsionado, estos gobiernos tendrían que seguir manteniéndose estables y unidos,  profundizar sus procesos internos de transformación económica y política, continuar la búsqueda y aplicación de estrategias y políticas alternativas, ampliar sus relaciones con las potencias emergentes,  concretar y fortalecer la integración Sur-Sur.

¿Cuáles han sido las crisis económica en América Latina?

El impacto de COVID-19 en las ya debilitadas economías de América Latina

Algunas partes de América Latina y el Caribe  se convierten en puntos candentes de la pandemia del coronavirus (COVID19), exacerbada por la debilidad social, la poca  protección, sistemas de salud fragmentados y profundas desigualdades. 

El COVID-19 dará lugar a la peor recesión en la región en un siglo, causando una contracción del 9,1% del PIB regional en 2020. Esto podría aumentar el número de pobres en 45 millones (hasta un total de 230 millones) y el número de personas extremadamente pobres en 28 millones (a 96 millones en total), lo que los pone en riesgo de la desnutrición por esperar lo menos.  

En una región que ha venido experimentando un número significativo de crisis políticas y protestas en 2019, por el aumento de las desigualdades, la exclusión y la discriminación en el contexto de COVID-19, se ven afectados aun más  negativamente, en la imposibilidad del disfrute de los derechos humanos y desarrollos democráticos, lo que potencialmente incluso, conduce a disturbios civiles, si no se aborda de manera urgente.

Antes de la pandemia, el modelo de desarrollo de la región se enfrentaba ya a graves limitaciones estructurales, explicadas en parte anteriormente. Reflejados en la gran desigualdad, limitaciones de la balanza de pagos, y las exportaciones que se concentran en sectores de  la baja tecnología que dan lugar a tipos de cambio recurrentes, crisis de deuda, bajo crecimiento, alta informalidad y la pobreza, la vulnerabilidad al cambio climático y a los desastres naturales, así como a la pérdida de la biodiversidad. 

Los indicadores sociales se vieron y siguen viéndose agravados por las tasas extremadamente por las altas de homicidio, la violencia de género, incluido el feminicidio.

La recuperación de la pandemia debería ser una ocasión de transformar el modelo de desarrollo de América Latina y el Caribe, mientras que el fortalecimiento de la democracia, la salvaguardia de los derechos humanos y el mantenimiento de la paz, en línea con la agenda para el desarrollo sostenible para el 2030, deberían ser los principios que rijan su recuperación. 

Los costos de la desigualdad en la región se han convertido en niveles insostenibles. La respuesta requiere un reequilibrio del papel de los Estados, los mercados y la sociedad civil, con énfasis en la transparencia, una mayor rendición de cuentas y la inclusión para apoyar la democracia, fortalecer el estado de derecho,  proteger y promover  los derechos humanos. 

Las causas fundamentales de la desigualdad, la inestabilidad política y el desplazamiento deben ser abordados. Estos pasos, su vez, exigen pactos sociales para la legitimidad y el apoyo, con un fuerte compromiso con la lucha contra la corrupción y la delincuencia organizada, así como un eficaz, responsable y receptivapresencia del estado en todo el territorio.

Los avances en la consolidación de la paz realizados en las últimas tres décadas necesitan ser preservados y profundizados. En el corto plazo, la igualdad ayuda a mantener los ingresos y la demanda agregada. El enfoque en la demanda social y la inclusión contrarresta el aumento de la xenofobia y la estigmatización de los grupos marginados.

Es necesario reconocer, apoyar y aprovechar la contribución activa de los jóvenes, que corresponde al 17% de la población de América Latina y el Caribe, que tienen entre 15 y 24 años. 

Por ello, en la recuperación económica, la igualdad es crucial para impulsar el crecimiento y la productividad, tanto directamente, a través del acceso a la educación, la alimentación, la salud y las oportunidades para todos, e indirectamente, al impedir la concentración del poder económico y político que limita, captura y distorsiona las políticas públicas.

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